Blue Flower

No Lo Haga es la frase que usé hace ya algún tiempo, como llamado desesperado para salvar una vida. Les dejo tal historia, no sin antes pedirle que me escuche: si está pensando en la muerte, por favor, no lo haga.


En la mañana de ese día lejano, cerré los ojos en el asiento del autobús ruta Alajuela-San José para dormitar un poco. Casi como un susurro, superponiéndose al bullicio del platicar de otros viajeros, me llegó el hilo de una conversación telefónica. La voz entrecortada de la jovencita, tal vez por el apuro en tomar el autobús, armó una frase que me hizo abrir los ojos por lo sorpresivo de su sinceridad, su tremendo contenido y la naturalidad del tono: "Sí, el señor me dijo que tomara las ocho pastillas de una vez, y que con eso él se venia solito".


Creí que era algún tipo de sueño, por la claridad de la voz y el timbre juguetón que usó, como si dijera alguna nueva sobre un lustre de uñas. Mi súbita atención opacó el resto del ruido, mientras confirmaba el resto de sus palabras: "Sí, me dice que no hay riesgo, que es muy seguro...Un mes tengo, si... No, él no sabe nada, creo que es mejor que no sepa que pudo ser, bueno...Mis tatas? Menos, que querés, que me asesinen?...Si, ayer no pude poner atención, tenía la mente en otro lado, nunca me imaginé que pudiera ser tan mala...Si supieras lo que me costó tomar la decisión, pero ya está tomada, espero que sea lo mejor...Si vieras que voy tarde...No, no me sale bien la voz..." y el autobús arrancó, protegiéndome de seguir oyendo.

Nadie volvió a ver. Parecía que tal conversación era justamente sobre las uñas. Nadie pareció entender en ese instante que un pequeño ser, ya aferrado a su madre, dando y pidiendo cariño, ignoraba en su inocencia que iba a ser arrancado de su cuna y lanzado al sanitario. No pude dormir, mientras pensaba en cosas como saber que un niño iba a morir y que no podía hacer nada para impedirlo. Y pensé en ese momento, en mi propio hijo por nacer.

Y luego pensé: ya la madre no lo considera cosa, era un "él", que saldría "solito", así, con cariño. No había sido aconsejada por los padres, ni por el padre de ese "él", porque "no lo sabían". En su interior, se sentía "mala". Y encima tenía duda sobre si "sería lo mejor". Porqué lo iba a hacer entonces?

Ese mismo día un médico opinaba en la Nación que la satanizada ortodoxia eclesial no debería influenciar la píldora del día después. Decía que los diputados no pensaban en la salud de la madre. Y no entendí. No entendí cómo un doctor llama al embarazo enfermedad mortal. Cómo el usar químicos como las "ocho pastillas" o la píldora de emergencia, para frenar en seco toda la maquinaria del milagro de la vida (que activa miles de funcionalidades naturales en el ser humano, de la madre), sea "seguro y sin efectos".

Esa noche derramé lágrimas. Nunca es lo mismo leer sobre 27000 muertes calculadas, 27000 detenciones a la fuerza de procesos naturales, 27000 actos clandestinos que son solo un número en un papel que leo mientras tomo mi café... que estar a un par de metros de un ser que hoy abraza por dentro a su madre y que será asesinado en las próximas horas. Un deshumanizado 27001, número sin nombre (no humano), cual habitante de campo de concentración marcado para exterminio. Qué hacer? Es la sociedad la culpable?

En el ultimo instante, cual necesidad imperiosa de sacar de mi pecho tanto porqué y tanta inacción, tanto dolor, cuando la joven bajaba ya del bus por la Sabana, sonriendo, con el celular aun en su oreja, mascullando detalles de una audición (escape del mundo? Incomunicación con los humanos?), me levanté y le tomé el brazo para que dejara el aparato parlante a un lado y me mirara a los ojos, como a cualquier extraño del autobús, y me oí decir:
"No lo haga, no lo envenene, no lo haga, por favor..."


Ya han pasado varios años desde que envié esta nota a un diario para su publicación. No se si la muchacha me hizo caso, o se olvidó de mi como de cualquier loco en un bus. No sé si 8 pastillas contra mal gástrico le causaron los daños al útero que muchas jóvenes lamentan por internet. No se si hay un bebito por ahí con abuelos que lo adoran, un padre jóven que lo carga, y una historia de un loco en un bus que le contarán algún día. No se si los 27000 ya llegaron a 30000. Mientras mi alma se comprime, mi bebe sonriendo me dice papá, y se queda serio, al verme llorar.